Se
suele decir que no hay nada más cobarde que la escapada, la huída. Pues no
estoy nada de acuerdo. Ya que, a veces la huída es el camino más valiente.
Veamos:
¿Quién no ha tenido alguna vez la tentación de huir? Me niego a pensar que tú
lector de este artículo, al haber leído “escapar”, y estés leyendo estas líneas
(inconscientemente), no estés ya soñando
con un desierto, un monte, una playa, una ciudad, un concierto, un paseo,…Y es
que hoy en día hay muchas formas de escapar. Todos escapamos. ¿De qué? Eso ya
cada uno. Pero hay formas.
El
catedrático Javier Echeverría nos habla incluso de los “cosmopolitas domésticos”.
Hoy en día no hace falta salir de casa para escapar. Podemos ser
“cosmopolitas” accediendo a la red de redes, a internet. (Hasta mi madre, con
su paciencia y tesón, lo ha conseguido. Bai jauna!) Lo podemos hacer de dos
maneras: Virtualmente (en el ciberespacio) o Físicamente. ¿Quién no conoce ya myspace, you tube, second
life,…? Y es que efectivamente la casa o ámbito privada de imtimidad, ya no es
tal. El “cosmopolitismo” pivota ya sobre los domicilios. Y las distancias
físicas ya no son tales. El cambio es que hoy escapar de cualquier manera es
más fácil. Pero ¿por qué escapar?
Tal
vez, la realidad nos atrapa. Hay quién hablará de stress o de necesidad de
descanso. En el fondo, lo que es humano y hacemos con la escapada es buscar
nuevas experiencias, cambio y distraimiento. ¿Sólo?
Pues
otra vez me niego a pensar que eso es así. Tampoco voy a utilizar argumentos
pesimistas que Bauman y Beck utilizan aduciendo a que vivimos en la sociedad
riesgo. Pero me niego a pensar que únicamente necesitamos un paréntesis. Creo que en el fondo hay algo más. Y en este
sentido, reivindico la escapada como mecanismo para la regeneración personal y
social. Recomendable para muchos que viven sin cuestionarse nada y sin la perspectiva
que ofrece la lejanía. Escapar para relativizar básicamente. Y es que como dijo
Atxaga, en relación a nuestra “cosa”, “ahora me aislo un par de días a la
semana. Es mi cuota de refresco, de aligeramiento”. Y es que, en esta necesidad
de innovar en todo (que parece que debemos tener ahora) creo que la mejor
receta hoy en Euskadi, es coger perspectiva y observar desde lejos.
Pero,
en definitiva, ¿por qué escapar? Por que nada nuevo se puede sacar de un
sistema cerrado y hermético en dónde no fluye el aire. Y por lo tanto, menos las ideas. ¿Qué
sociedad “creativa” podemos estar haciendo si todo es endógeno en Euskadi?
Déjenme
terminar con una crónica comparativa: Estados Unidos. Nadie parece sorprenderse cuando en relación a la
existencia de un violador en serie, me sugieren me compre una pistola. Mientras,
Obama, parece el claro candidato ganador. Irak pesa, y pesa mucho aquí. I hope so; Euskadi. Nadie parece
sorprenderse cuando en relación a la existencia de un atentado (más, y no
sorprende), declaraciones, detenciones, manifestaciones, descalificaciones,
desidia, apatía social,….nadie sugiere nada (interesante) y sigamos gastando
energía (como si nada) en cosas que podríamos destinar a provocar cohesión
social, democratizar la cultura o incluso desarrollo económico. ¿No somos luego
todos tan vascos? Pues que despilfarro, perdonen.
Bueno.
A veces, es mejor escapar. Y verlo. Les invito a ello.
Y
perdonen, que no todo es catastrofista y negativo, ya que en la escapada
también siempre está como dicen los anglosajones el “homesick”, gallegos la
“morriña” y euskaldunes la “herrimina”. Bai, herriak batzutan mina ematen du. Y
desde la distancia y la escapada, todavía duele más pensar que existen
donostiarras que no saben ni lo que esa palabra significa en el idioma que
tienen todos los días al lado en su vecindario. No saben lo que se pierden
(¡vosotros os lo perdeis!). Yo no lo quiero perder nunca.
Desde aquí no muy lejos, veo Alcatraz. Y el Golden Gate a
vista de águila, a lo alto. Imagínense ser Clint Eastwood. ¿Se atreven a
escapar? Pero…, de verdad.
(Artículo de Opinión publicado en Mayo 2008 Suplemento Stylo "Escapadas" Diario Noticias de Gipuzkoa)

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